No todo vale para decorar tu árbol de Navidad. Te damos algunas ideas de por dónde empezar, materiales, formas, luces... ¡Pero el arte lo pones tú!

Elegir un árbol de Navidad es la primera tarea, ¡y no es tontería! Hay que elegir entre distintas variedades, tonos de verde, con o sin raíz, naturales o artificiales… Y cuando ya lo tengas en casa, empieza la segunda fase: la decoración. Estaría bien que la decoración del árbol esté de acuerdo con la del resto de la casa, o como mínimo con la de la habitación en la que lo vayas a tener. Lo primero que debes saber es un pequeño secreto que vale para todos los estilos de decoración de árboles de Navidad: la profundidad. Normalmente, cuando decoramos nuestro árbol, le vamos poniendo cosas encima, con más o menos gracia y más o menos distribuídas, pero casi siempre nos olvidamos del interior del árbol. Si empiezas a decorar desde el tronco y hacia las puntas de las ramas, conseguirás que tu árbol tenga muchísima más personalidad y que no quede como un simple cono lleno de luces y espumillón.

Empieza con la iluminación básica, y recuerda hacerlo desde el tronco hacia fuera. También puede ser que tengas una de esas tiras de luces que se desenrollan desde la punta superior del árbol, que son muy cómodas y rápidas de instalar. Después, puedes decorar con algunos detalles naturales, como ramas de eucalipto o musgo. Y llega el momento de las bolas. Recuerda la palabra mágica: profundidad. Combina distintos tipos de bolas, colores, materiales y tamaños, pero que no todas queden en las puntas de las ramas.

Una vez tienes todo esto, puedes complementar tu árbol con otros elementos decorativos a tu gusto: pequeños animalitos, estrellas, cajitas de regalo, hojas de cristal, renos de peluche… La variedad de elementos y materiales es casi infinita, y todo depende del gusto de cada uno. Porque, como hemos dicho antes, no todo vale para decorar tu árbol, pero casi. Y más aún si lo decoras con tus hijos, que como ya sabes siempre nos aportan una dosis de ilusión y creatividad extra.