Igual que a nosotros, a las plantas también les afecta la sequedad que causa.

La calefacción nos mantiene calientes, pero también nos provoca efectos como sequedad en los ojos o irritación de garganta. Hay muchas plantas que contribuyen a paliar estos efectos con su poder humidificante y refrescante del ambiente, pero ten en cuenta que lo que nos pasa a nosotros les pasa también a ellas: la calefacción reduce la humedad del sustrato y la suya propia. Por eso es tan importante que durante el invierno mantengas una vigilancia de las macetas de tu casa: comprueba siempre que estén un poco húmedas (nunca encharcadas, ya sabes), y de vez en cuando rocíalas con un pulverizador de agua.