Debido a sus innumerables propiedades, las aplicacio­nes de las plantas aromáticas son casi infinitas: infusio­nes, medicinas, aromatizar espacios, cosméticos... y ale­grarnos la vista, claro. Y lo mejor es que todo esto está a nuestro alcance sin invertir grandes esfuerzos.

Las plantas aromáticas pueden cultivarse incluso en in­teriores siempre que tengan una ventana luminosa cer­ca. Unas pequeñas macetas o una jardinera son suficien­tes para disponer de un buen surtido siempre fresco y a punto: albahaca, orégano, romero, menta y tomillo serán un gran equipo que hará tus platos más sabrosos. La al­bahaca es la más fácil de cultivar, y como es la que más agua necesita te servirá como indicador de que a todas las demás les irá bien algo de riego. Ya que las tienes en la cocina, aprovecha para echarles de vez en cuando los posos del café, un fertilizante que les sentará de maravi­lla. Cuando necesites un poco de alguna de ellas, corta la parte más tierna de la parte superior, así se fortalecerá desde abajo.

Y recuerda: lo que quieres son plantas aromáticas, no flores. Por tanto, cuando empiecen a aparecer sus flores córtalas más a menudo, puesto que las flores restan fuer­za a la planta y reducen su follaje.