No siempre tenemos la suerte de encontrar setas en el bosque, y a veces su elevado precio no nos permite hacernos con todas las que nos gustaría. Por eso deshidratarlas es una buena forma de aprovechar los días de suerte para poder disfrutar de sus apreciados sabores en nuestros guisos siempre que nos apetezca. ¡Vamos allá!

Preparación:

  1. Limpiamos las setas, preferiblemente con un papel de cocina y muy poca agua.
  2. Las cortamos en láminas finas de 2 o 3 milímetros, tan iguales como sea posible para que sequen igual.
  3. Las repartimos en varias bandejas en el horno y las dejamos entre 80º y 90º unas 2 horas, volteando cada 1/2 hora.
  4. Cuando hayan sacado toda el agua, las dejamos enfriar en la encimera.
  5. Las guardamos en tarros hasta su uso, cuando las rehidrataremos con agua o las usaremos en polvo.